Las Guardias de los Campamentos
¡Hola! He tenido la suerte de ir a muchos campamentos organizados por la ADG, empecé como campista y también como monitor. Hay muchas diferencias estando a un lado y al otro, pero creo que los puntos en común son más aún, el aprendizaje, los buenos ratos y los de estrés… Hoy, os quiero hablar de uno de los momentos que más anécdotas generan, ¡las guardias!
Llevo ya algunos años sin asistir a campamentos y algunas cosas han cambiado, especialmente aquellas relacionadas con la tecnología, que facilitan el trabajo. En mis últimos veranos como monitor, eran pocos -pero cada vez más- los campistas que llevaban bomba de insulina, la mayoría utilizaba pluma, ahora es mucho más común, y ya no hablemos de los sensores, los cuales hace nada eran difíciles de ver. Aún así, seguro que las guardias siguen dando que hablar.
Como sabéis, en los campamentos se hacen controles a las 3 y a las 6 h, para asegurar que todo transcurre sin problemas, algo importante ya que la actividad física es muy alta. Durante el día, cada monitor tiene asignado un grupo de campistas, pero durante las noches, solo dos monitores y una persona del personal médico se encarga de hacer el control a todos, el resto se queda descansando, porque el siguiente día siempre viene cargado. ¡Imaginad el trabajo que supone hacer controles cabaña por cabaña a oscuras y en silencio! Aunque la verdad es que en seguida te coordinas con tus compañeros noctámbulos y todo fluye. Pero la cosa siempre puede complicarse y se complica, cuando hay alguna hipoglucemia hay que resolverla: zumo, leche, galletas, repetir el control… En una noche que se dé mal, puedes estar más de una hora para acabar la ronda, pero no pasa nada, porque al día siguiente lo recuerdas con una sonrisa porque todo salió bien, pero en el momento te tiras de los pelos.
Es muy duro cuando, después de un día agotador, tras varios días de campamento, suena el despertador y hay que ponerse manos a la obra, pero también es reconfortante acabar la revisión y que todo haya ido bien. Toca dormir un rato, ¡pero en menos de dos horas suena el despertador para el turno de las 6 h!
Guillermo
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