Día de la Madre

Este artículo se publica en el blog ADG el día de la Madre, así que he pensado escribir sobre la mía. Por extensión, también de mi padre, no sea que se me enfade, y ojalá os sirva de apoyo a todos los padres de niños con Diabetes.


Mi madre tiene dos hijos con Diabetes, lo cuál no ha sido impedimento para que tengamos una vida plena, feliz y que hagamos todo aquello que queremos. Esto ha quedado de sobra demostrado a estas alturas, pero todo era incierto allá por el verano en el que mi familia se apuntó al club de la glucosa. A la preocupación por ver a un hijo con una serie de síntomas extraños -que todos ya conocéis- se sumaba la falta de antecedentes familiares, curiosamente, o incluso de gente cercana a la que preguntar. Ahora ya todos somos expertos en insulinas, raciones de hidratos y sensores de glucosa, pero en aquel momento todo esto sonaba a chino o directamente no existía.


“Para toda la vida”, esa fue la frase con la que los médicos dieron la bienvenida a mi hermano, el cuál tenía más prisa que yo por empezar con la carrera de la Diabetes, “y vigila al otro”, por si no era bastante con uno. Y se ve que no lo era, porque unos años después decidí empezar también el viaje. Entonces, mi madre se vio con dos hijos a los que había cuidado bien con algo que no tenía ni idea de cómo funcionaba ni por qué había venido, pero que además nunca se iría. Solo vale la disciplina, el control de la comida, estar continuamente pendiente… Claro, le dices eso a una extremeña de pro que emigró a los 17 años y te puedes imaginar la escena en casa. Lo primero, una balanza para pesar alimentos; lo siguiente, la televisión de la cocina dejó su sitio a una estación de cuidado de la Diabetes, tiras reactivas, agujas, cajita de residuos; después, mi madre apuntándose a un curso de cocina para aprender cuantas más recetas mejor y que no resulte aburrido el día a día. Hay tantos tipos de Diabetes como personas que la tienen y por tanto las mismas maneras de manejarla, pero está claro que en mi casa se optó por ponerse en plan comando con el cuchillo entre los dientes. Con algún capricho en forma de bollo de tanto en tanto, que solo éramos niños, y por supuesto recibiendo mucha ayuda y formación de nuestros profesionales médicos y en campamentos de verano. Seguro que algunas cosas se podrían haber hecho de forma distinta y otras mejor, pero me siento orgulloso de la labor y sacrificio que hizo por nosotros.


La Diabetes es una compañera de viaje, pero nunca algo que te impide hacer lo que quieres, solo necesita atención y un poquito de disciplina. Un poquito, mamá. 🙂


Feliz día de la madre y un abrazo. 

Guillermo


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