La Cultura de la Comida
A nivel cultural, uno se da cuenta rápidamente de que la misma palabra tiene muchos significados. Por ejemplo, si son las dos de la tarde y estás en España, cuando dices que vas a comer, probablemente estés pensando en sentarte en una mesa y disfrutar de un plato caliente. Esto sería inconcebible en un país británico, donde a esa hora, si comes algo, probablemente será un pequeño snack.
Lo mismo sucede con cenar. La cena, para mi y para la mayoría de latinos, suele ser una ingesta ligera. Es ese momento al final del día en el que bajas las pulsaciones y compartes lo vivido con familiares o amigos: lo hecho, hecho está. Ya solo queda relajarse, ver una peli o ir a la cama. Todo lo contrario a lo que sucede en los países escandinavos, donde la cena es la comida principal del día. Se realiza al llegar a casa del trabajo, entre las cuatro y las seis de la tarde, y te prepara para lo que venga, ir al gym, llevar a los niños a las clases de inglés o a invadir la Península del Labrador mientras suena “En la gruta del rey de la montaña” de Peer Gynt. Os hacéis una idea.
¿Y cómo se sobrevive a este tipo de choques culturales? La conclusión es que siempre enriquece probar cosas nuevas. Hay que dar a la comida y a lo que la rodea la importancia que merece, pues es una parte fundamental de las sociedades. La buena noticia es que el cuerpo se adapta a todo. Excepto a comer judías para el desayuno, eso sí que no tiene ningún sentido.
Un abrazo,
Guillermo.
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