Atracones Nocturnos

Estoy hablando bastante sobre comida últimamente. Es un tema que da para mucho, pero ¿merece la pena escribir un artículo sobre algo así? Veamos.


El atracón nocturno llega como respuesta a una hipoglucemia que te pilla dormido. En mitad de la noche, el cuerpo es incapaz de detectar los primeros síntomas de una bajada -torpeza, ligero mareo…-, con lo que no tiene más remedio que sacar la artillería pesada. Aumenta su temperatura, generando sudores fríos que hacen que te despiertes con un hambre atroz (atroz, atroz). Esto, en el mejor de los casos. No despertarse sería aún peor. Sales de tu cama gritando “¡azúcar, por favor!”, pero no tienes tiempo de activar algunos mecanismos de freno. En esas circunstancias, es difícil evitar ponerse las botas. Así que, sin darte cuenta, te has zampado medio paquete de galletas y una barra de pan del día anterior. Ni piensas en hidratos de carbono de absorción rápida ni en raciones. Engulles y punto. Esto es algo que nunca harías a plena luz del día. Ni siquiera en caso de una hipoglucemia. Pero por la noche... Tras esto, hay quien es consciente de lo que ha pasado y se administra insulina para no llegar por las nubes por la mañana; pero hay quien no llega a despertarse del todo y vuelve a la cama directamente, con lo que el problema aumenta. Una avalancha de hidratos así, no hay bomba, ni de insulina ni atómica, que la pare. He de decir que con el sistema de asa cerrada bomba-sensor, las hipoglucemias nocturnas suceden con menor frecuencia, al detenerse la insulina basal, pero igualmente pueden aparecer. 


¿Soluciones? Ojalá las tuviera. Todos hemos tenido algún atracón nocturno que nos ha llevado de excursión glucémica, pero quizás esa experiencia os puede ayudar a controlarlo si os vuelve a pasar. Al menos ahora le hemos puesto nombre a este enemigo que acecha en la oscuridad.


Un abrazo,

Guillermo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Repensando las mejoras en diabetes

GlucoWatch: El origen de la MCG

Famosos y Referentes