De la aguja al algoritmo
Ya son varios los artículos que he escrito en la sección Horizonte Diabetes, pero los temas son inagotables. Hoy toca hablar de un invento que apareció en El Español bajo este titular: “La máquina que acaba con los pinchazos para los diabéticos: mide el azúcar escaneando los dedos”. Si queréis leer el original lo podéis buscar tal cual, aunque aquí os traigo mi propia versión, con lupa y un poco de sentido crítico.
Seguro que a los lectores habituales ya os ha saltado la alarma al leer la palabra “diabéticos” en el título. Es un clásico en este tipo de artículos. Pero ojo: este texto solo tiene tres años, así que no hay excusa. Lo correcto es decir personas con diabetes, ya que no es la enfermedad lo que nos define.
¿Y qué es exactamente esta máquina? Se trata de un proyecto de la empresa canadiense Scanbo, que promete medir la glucosa en sangre a través de un electrocardiograma e inteligencia artificial. Aquí van un par de apuntes rápidos para empezar:
El nombre de la compañía es, cuanto menos, cuestionable. Para los menos duchos en inglés, scam significa “estafa”. Una carta de presentación dudosa.
Y luego está la famosa “IA”. Parece que hoy en día hay que colarla en todo: hamburguesas con IA, decoración con IA… y, por supuesto, también en diabetes.
Hay que decir que el artículo está bien estructurado, presentando en primer lugar el problema que se quiere atajar. Sí, los pinchazos son incómodos, pero, ojo, diría que la monitorización continua es la manera más habitual de medir la glucosa en sangre hoy en día. Al menos, en tipo 1. Esto es algo habitual en la prensa generalista: plantear un problema inexistente o inflarlo para que la solución parezca revolucionaria.
Merece la pena seguir leyendo solo por encontrarse joyas como “elevada dosis de inteligencia artificial”. Cuidado con las dosis, no vayamos a pasarnos. Lo que transmiten frases así es esa sensación de estar “vendiendo la moto”: se sueltan palabros técnicos como “algoritmos” o “red neuronal” sin explicar realmente qué significan ni qué se está haciendo.
Para acabar en positivo, hay que reconocer el mérito a los investigadores que desarrollaron este método y a la empresa que supo unir las piezas en forma de negocio. Ojalá lo aprendido en este reto sirva para futuros proyectos más sólidos. Hay, además, un punto interesante que casi pasa desapercibido: este equipo no genera residuos porque no necesita consumibles. En el artículo lo mencionan como algo secundario, pero lo cierto es que el cuidado de la diabetes también puede ir de la mano del cuidado del medioambiente, y ahí hay un camino enorme por recorrer. Quizá el próximo gran avance en diabetes no sea solo tecnológico, sino también sostenible.
Un abrazo
Guillermo
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